CONFESIÓN

 

Año 2005 CONFESIÓN

En casa de Lola.

La conversación se cortó ahí, pues Tere, que hasta el momento no había preguntado nada salió corriendo hacia el baño con el rostro descompuesto. Las arcadas eran tremendas. Ya se veía venir, pues sus gestos indicaban el mal estar, la incredulidad y el gran desconcierto.

Pedro salió tras ella. Estuvieron un buen rato allí dentro y a veces se les oía murmurar, otras, los sollozos de Tere eran inconsolables.

 Al fin, salió Pedro.

─ ¿Cómo está? ─pregunta Paulina a su hijo.

─ ¿Cómo quieres que esté? Igual que yo, sin entender que ocurre aquí.  Se encuentra mal, pero en cuanto salga nos vamos. No sé qué pretendéis.

─ No hay ninguna pretensión, es lo que pasó ─dice Lola.

─ Pues me cuesta mucho creerlo, de todas formas, sí ocurrió y lo habéis mantenido en secreto… ¿Qué intención hay para revelarlo ahora? ¿Hacerle daño a ella, que ninguna culpa tiene? ─dice Pedro con bastante rabia en sus palabras.

Nadie contesta. Inés miraba perpleja a Lola y Paulina esperando una respuesta y entonces sale Tere del baño.

Su cara seguía más descompuesta si cabe y sus ojos estaban hinchados,  llenos de sangre y lágrimas.

VENTITRES AÑOS ANTES I

Llaman al timbre de la puerta y la señora Luisa se apresura a abrir.

─ ¿Te importa que te deje a Inés un ratito?  ─le pregunta Lola a su vecina

─ ¡No por Dios! Encantada.

─ Tengo hora con el practicante a las seis para la inyección.

─ No te preocupes, ¡pero si  es un encanto!  ya verás Mercedes que contenta se pone cuando llegue y vea aquí a la niña. Ve tranquila ─dice la señora Luisa cogiendo al bebé a la vez que le mecía.

─Gracias Luisa, vuelvo lo antes posible.

A LA MISMA HORA, EN OTRO LUGAR DE LA CIUDAD.

─ Hola Mercedes ¿vas para tu casa? ─pregunta Paco.

─ Sí  ─dice Mercedes algo tímida.

─ Pues sube, yo también voy para el barrio y así llevas un paquete para tu casa que me encargó tu madre ayer.

─ No hace falta. Aunque si quiere, me da el paquete y lo llevo yo.

─ No mujer, que pesa bastante. Vamos, te dejaré en casa, hace mucho frío y ya ha oscurecido ─insiste Paco

─ No. Gracias. Me voy andando ─ dice Mercedes agachando la cabeza y comenzando a andar.

─Como quieras, pero tu madre se enfadará conmigo cuando sepa que te he visto y que te he dejado en la calle, con este frío y ya de noche ─vuelve a insistir Paco mientras avanza a su paso con la furgoneta.

─ Bueno vale, pues iré con Usted.

Mercedes se sube a la furgoneta no muy convencida. Paco es su vecino, vive en el número cinco con su mujer  y su hija. Llevan en el barrio poco tiempo y ella les conoce porque en una ocasión su madre la mandó a cuidar de Teresita, la niña de ellos, pues algo le pasaba a María, su mujer.

De todas formas, no sabía porque, pero Paco no le ofrecía ninguna confianza, ni tampoco le gustaba como la miraba.

─ ¿Sabes si tu hermano suele salir por el barrio a estas horas?

─ No lo sé ─contesta Mercedes sin mirarle.

─ Tengo un asunto con él y quería encontrarle. ¿Sabes dónde puedo encontrarle? ─vuelve a preguntar Paco.

─ Pues en casa, sobre la hora de cenar ─contesta Mercedes de nuevo sin mirarle.

─ Vale, ya le pillaré. ¡Oyes! ¿Cuántos años tienes? ─Le pregunta Paco mirándola de arriba abajo.

─ Dieciséis ─Contesta bajando la cabeza.

─ ¿Si? Pues… pareces mayor ─la vuelve a mirar de arriba abajo. Mercedes se siente muy incómoda, no le mira pero nota su mirada. Gira su cabeza hacia la ventanilla con la intención de evitar esa conversación o cualquier otra.

─ ¿Sabes? Mi mujer, María, tenía diecisiete años cuando nos casamos, ahora acaba de cumplir veinte. Pero con diecisiete años ya era toda una mujer, igual que tú.

Mercedes no dice nada, sigue mirando por la ventanilla y deseando llegar cuanto antes.

─ Me queda un último recado, no tardamos nada, lo entrego y para casa ─dice Paco girando en una calle que había a su derecha.

Mercedes solo desea llegar a su casa, parece que ahora por fin Paco no habla. Pasan dos calles y vuelve a girar, avanzan por la calle y las luces y las casas comienzan a desaparecer, solo alguna de vez en cuando.

Ya es totalmente de noche y Mercedes se siente cada vez más incómoda, han salido de la ciudad y no sabe dónde está, pero no dice nada, solo mira con atención para ver si reconoce algo del camino.

─ ¿Tienes novio? ─le pregunta Paco de repente. Ella no contesta, ni le mira.

─ Bueno… no es tan raro, eres muy guapa y toda una mujer. Dime, ¿Te ha hecho sentir alguien así… mujer?

Mercedes está cabizbaja, no le gusta nada ese hombre, no le gusta como la mira, lo que le dice y tiene miedo, empieza a pensar que la ha mentido y no sabe dónde la lleva.

Paco se mete por un camino y a unos doscientos metros aparca junto a unos árboles. Allí no hay nada más.

─ Vamos a jugar un poco Merceditas, puede que ya conozcas el juego o hayas oído hablar de él. Verás cómo te gusta, lo vamos a pasar muy bien.

Año 2005 CINCO DÍAS ANTES DE LA CONFESIÓN

─ Encantada Inés, tenía muchas ganas de conocerte, Pedro me habla mucho de ti. Lo cierto es que estoy fascinada de que conservéis con tanto cariño esa amistad desde la niñez ─le dice Tere a Inés después de ser presentada por Pedro.

Tere y Pedro se conocieron hace ocho meses y desde hace seis meses están juntos. Inés, es amiga de Pedro desde la infancia, eran vecinos de portal, ella vivía en el cuarto y Pedro en el tercero. Iban al mismo colegio aunque Inés es un año mayor, pero tenían los mismos amigos, fueron al mismo instituto y sus vidas se separaron cuando él se marchó a trabajar hace un par de años a Bilbao.

Las familias de Pedro e Inés siempre han sido muy amigas y ellos tienen una complicidad que se ve enseguida, se conocen muy bien y es que han vivido infinidad de experiencias juntos.

Hay una noticia que Pedro está ansioso por contar a su amiga y como es un impaciente no quiere esperar más y se lo dice enseguida.

Le han ofrecido un nuevo trabajo en Valladolid, su ciudad, que él ha aceptado. Empieza el mes que viene. Tere por su parte, ha pedido el traslado en el suyo, trabaja en una prestigiosa clínica con filiales en todas las ciudades españolas, se lo han concedido y tardará un mes más en irse. Los planes son encontrar un piso y vivir juntos y en un año o dos casarse.

Él ya conoce a la familia de Tere que viven en Bilbao, pero en Valladolid a ella no la conocen. Pedro ni tan siquiera ha comentado que tuviera novia, salvo a Inés, a ella se lo cuenta todo.  En diez días tienen previsto pasar un fin de semana en Valladolid, para hacer las presentaciones formales y empezar a buscar una vivienda. Le ha pedido a Inés que no diga nada, quiere sorprender a su madre, que sin duda, quedará encantada de tener a su hijo cerca y  conocer a su novia.

VENTITRES AÑOS ANTES II

Lola ha terminado de bañar a la pequeña Inés y duerme plácidamente en su cuna, ahora habla por teléfono con su marido que es camionero y está fuera toda la semana.

Empieza a oír voces.  Son los vecinos, sus vecinos de al lado, la Señora Luisa y el Señor Bernardo y Toño, el  hijo.

─ Cariño tengo que colgar, algo pasa en casa de los vecinos que no es normal. Voy a ver, tengo el corazón encogido, espero que no haya pasado ninguna desgracia ─le corta Lola a su marido debido a las voces que oía. Eran desgarradoras y ella se temía lo peor.

Llama a la puerta de sus vecinos y nadie abre, insiste varias veces. Se oían lamentos, voces, llantos… algo ocurría, estaba claro. Sigue llamando y golpeando a la puerta cuando aparece su vecina del tercero, Paulina.

─ ¿No te abren? ¡Madre mía, que ocurrirá! ─le dice Paulina con gesto muy preocupado a Lola.

Por fin la puerta se abre, la señora  Luisa está abatida y parece estar a punto de derrumbarse. Lola la sujeta enseguida.

En ese momento, Toño, el hijo de la señora Luisa y el señor Bernardo se abre paso entre ellas, desencajado y a toda velocidad sale por la puerta escaleras abajo.

─ No le dejéis ir, no le dejéis. Mi hijo va a cometer una barbaridad, no le dejéis ir. Paradle ─ suplica la señora Luisa a sus vecinas mientras se derrumba en el umbral de la puerta.

Lola no lo pensó dos veces y Paulina la siguió, no sabían lo que ocurría pero a ese chico había que calmarle. Corrieron tras de él escaleras abajo, pero veinte años de vitalidad no les dio a las dos mujeres para alcanzarle. Por lo que le siguieron como pudieron y cuando Toño salió del portal siguió corriendo hasta el portal del número cinco.

Allí se paró y llamó a un timbre.

Cuando Lola y Paulina llegaron a su altura, Toño suplicaba por el interfono.

─ Abre María, abre. Abre te digo. El Hijo de Puta de tu marido casi mata hoy a mi hermana. Abre te digo.

Lola y Paulina se quedaron inmóviles al oír a Toño, al fin Lola le pregunta:

─ ¿Qué le ha pasado a Mercedes?

─ La ha violado y casi la mata ese hijo de puta ─dice muy alterado Toño mientras sigue insistiendo llamando al timbre del portal.

─ ¡Ay Dios! ─ Paulina lanza una exclamación

La puerta se abre y Toño corre escaleras arriba, las dos mujeres detrás de él casi sin aliento.

Cuando llegan a su altura, Toño aporreaba la puerta ─ ¡Abre, abre de una puta vez! ─repetía una y otra vez.

La puerta empieza a abrirse hasta que se ve a María. Allí estaba, seria, aparentemente tranquila y con la mirada perdida. Su rostro, sus ropas y sus manos completamente manchadas de sangre. Durante unos segundos se hizo un silencio, hasta que Toño la aparta y entonces se ve el dantesco escenario.

─ ¡Cerrad la puerta! ─ ordena chillando Toño.

Lola la iba a cerrar pero aparece en ese momento la señora Luisa. Entonces ella misma entra con decisión y cierra la puerta.

AÑO 2005 – UN DIA ANTES DE LA CONFESIÓN

─ ¿Qué tal en Bilbao, qué se contaba Pedro? ─Pregunta Lola a su hija Inés.

─ Muy bien, te tengo que contar muchas novedades y también sorpresas. Por supuesto no se lo puedes decir a Paulina es cosa de Pedro y quiere dar él la noticia. Me lo tienes que prometer mamá, sino, no te cuento nada.

─ Pues claro hija. Supongo que son buenas noticias.

Inés cuenta a su madre que ha conocido a la novia de Pedro y los proyectos que ellos tienen. Lola se alegra mucho y siguen hablando del tema hasta que…

─ ¿Sabes que ella ha nacido aquí, en Valladolid? Vivió con su madre en este barrio, en esta misma calle hasta los seis años y luego se fueron a Bilbao. Ella apenas tiene recuerdos pero dice que su madre tiene mucho que agradecer a la gente de este barrio, que la ayudaron mucho en tiempos difíciles ─le cuenta Inés a su madre.

─ ¡ah sí! ─ Lola nota un escalofrío por todo su cuerpo. ¡No puede ser! Piensa  ─.Y… ¿sabes dónde vivía, como se llama su madre o… ella?

─ Pues en esta calle, pero no sé más. Ella se llama Tere y su madre… ni idea. ¿Por qué, crees que las puedes conocer?  ─le contesta Inés a su madre.

─ ¡Claro que sí! Si vivían en esta calle, seguro ─Lola se calla pero sus pensamientos son inquietantes. Vuelve a preguntar .─Inés, ¿puedes enterarte si el apellido de esa chica es Gutiérrez Morante?

─ ¿Qué ocurre? Te has quedado pálida. Y… si es ella ¿qué? ─le pregunta Inés a su madre.

─ Bueno, no te asustes. Es que conocí mucho a una familia que vivió aquí y no he vuelto a saber de ellos. ¿Sabes si vive su madre? La que yo digo se llama María y estaba bastante enferma cuando se fue del barrio.

─ No. Su madre murió hace unos años, el que vive es su padre y tiene un hermano. Bueno… que yo sepa.

─ ¡ah! Pues no creo que sea ella, esta chica no tenía padre, ni hermano ─dice Lola algo aliviada ─.Pero si ha vivido aquí puede que tal vez la haya conocido ─añade Lola.

VENTITRES AÑOS ATRÁS III

Paco yace al final del pasillo, boca abajo, claro que en un principio no se sabe si es él, hasta que María lo confirma pues… todo es sangre, las paredes, las puertas y en el suelo hay un charco enorme alrededor del cuerpo inerte de ese hombre, que a su vez, también estaba cubierto totalmente de sangre. Aquello era terrible.

María se deja caer sentándose en el suelo, con el gesto muy serio y la mirada totalmente perdida, sus ojos parecían un profundo hueco que no tenía fin. Una niña pequeña llora a todo pulmón en la habitación de al lado.

Después de unos segundos de horror,  Paulina entra en la habitación de esa criatura y la coge en brazos. ─Tranquila Teresita, tranquila mi niña ─le dice a la pequeña Teresa que solo tenía dos años.

Toño se hecha las manos a la cabeza y… fuera de sí empieza a golpearse la cabeza contra la pared. Su madre, la señora Luisa corre a  sujetar a su hijo. Al cabo de un rato consigue calmarle.

Lola está inmóvil, mirando a todos y sin poder reaccionar. Al fin, la señora Luisa después de hablar con Toño le pide a Lola que acompañe a su hijo a casa, que lleve a la pequeña Teresa y a su bebé Inés con su hermana,  que vivía una calle más abajo y que volviese a ese piso.

Lola estaba en shock y no podía pensar. Cogió a la niña y acompañó a Toño hasta su casa. El señor Bernardo abrió la puerta a su hijo, le mira y mira a Lola.

─ No me cuentes nada. Solo quiero cuidar de mis dos hijos ─ le dice el señor  Bernardo abatido dirigiéndose a Lola.

Año 2005 – EL DÍA DE LA CONFESIÓN

 Suena el teléfono en casa de Lola.

─ Dígame.

─ ¡Mamá! Soy Inés.

─ Dime Inés ─ contesta Lola

─ Oye, ¡es ella! Es Podóloga y trabaja en una clínica que tiene filiales por todo el país. La he buscado por internet y ¡es ella, vaya coincidencia!

─ ¿Quién? ─ dice Lola sin entender.

─ Se apellida Gutiérrez Morante, aunque no lo entiendo,  pues me dijiste que no tenía padre y ella sí que tiene, su padre vive.

A Lola le recorre un calor inmenso por todo su cuerpo, le flaquean las piernas y tiene que sentarse en la butaca que tiene al lado.

─ ¡Mamá, mamá. Estás ahí! ¡mamá!

─ Si hija, sigo aquí ─ contesta Lola sin añadir nada más.

─ Voy a llamar a Pedro, vaya sorpresa cuando se entere que la has conocido a ella y a su familia. Puede que Paulina también les haya conocido.

─ ¡NO!. No Inés, no le llames por favor ─le dice Lola a su hija bastante alterada.

─ ¿Qué ocurre? ¿Por qué? ¿Qué pasa mamá?

─ Inés, te tengo que contar algo, es muy importante que no hables con Pedro, ven esta tarde y hablamos.

─ Pero mamá ¿ocurre algo? Me estás asustando.

─ No llames a Pedro ─sentencia Lola ─.ven cuando salgas de trabajar, tenemos que hablar.

LA NOCHE DE LA CONFESIÓN

Inés llama a la puerta de casa de su madre.

─ Me has dejado preocupadísima, ¿me puedes decir que es lo que ocurre? ─le pregunta Inés a su madre sin ni siquiera saludarla.

─ Enseguida va a subir Paulina con su hijo que creo, que acaba de llegar, os lo contaremos juntas ─le dice Lola a su hija.

─ ¿Pedro está aquí? No entiendo nada, de verdad que tanta intriga me da muy mala espina.

En ese momento llaman a la puerta. Lola abre y se encuentra con Paulina, su hijo Pedro y una chica.

─ Esta es Tere ─le presenta Paulina a Lola ─. Le dije que viniera solo pero… ya ves. Esto más tarde o temprano tenía que salir a la luz ─comenta Paulina en voz alta.

Se sentaron todos alrededor de la mesa del comedor, Lola había hecho café y un bizcocho que puso en la mesa.

Empezó el relato Paulina y así entre las dos fueron contando aquella historia macabra. La contaron despacio y con mucho tacto pues… Tere,  evidentemente era la hija de aquel hombre muerto.

Según aclaró Tere antes de empezar el relato, dos años después de partir a Bilbao, cuando su madre y ella se fueron del barrio, su madre conoció a un hombre con el que se casó poco tiempo después y el cual la adoptó como hija, tres años más tarde nació su hermano.

El shock vino desde el principio para todos los que no sabían la historia, pero sobre todo para Tere. Estaba claro que María, su madre,  había matado a su marido, su padre, pero… ¿por qué?

Poco a poco el puzle iba encajando.

Paco tenía 34 años entonces, le llevaba más de trece años a su mujer. Tenía un carácter malo y en el barrio sabían que la maltrataba.

El día anterior a su muerte, Paco le había dicho a su mujer que no iría a comer porque tenía que repartir en Santander; cuando se iba allí no volvía hasta bien entrada la noche.

Sin embargo, en el último momento parece que hubo un cambio de planes en el trabajo de Paco y a la una y media de medio día estaba entrando por la puerta de su casa.

Al entrar en el salón se encontró con Toño, el hijo de la señora  Luisa, que apresuradamente se estaba poniendo la camisa, tenía los pantalones desabrochados y estaba descalzo. En ese momento, también apareció María por la puerta envuelta en una bata.

No sabían los detalles de lo ocurrido en aquella situación, pero según les había contado Toño en aquellos días, Paco se le echó encima enfurecido y fuera de sí. María, corrió a la cocina y apareció enseguida con un cuchillo amenazando a su marido. De esa manera, Toño pudo salir de esa casa.

No obstante, Toño le pidió a María que cogiera la niña y se fuera con él, pero Paco lanzo una amenaza:

─ Si os vais ahora con la niña ya podéis esconderos, pues no pararé hasta dar con vosotros y tened por seguro que os mataré a los tres. Tu verás María, si te quedas olvidaré esto, pero tú, niñato de mierda ya puedes correr porque si te veo, te daré caza.

Al día siguiente pasó lo que contaron Lola y Paulina y añadieron la historia de María:

El día que María mató a su marido, este, llegó a casa tarde y muy alterado, el día anterior aunque había prometido no hacerla nada, la había dado una paliza tremenda, María apenas podía andar y el ojo izquierdo lo tenía tan inflamado que no se le veía.

Esa noche, cuando Paco entró en casa, María estaba en la cocina recogiendo los platos, él, sin mediar palabra, se le acerca por detrás y la da una feroz patada en la cadera, ella se cae al suelo, el dolor no la dejaba respirar y entonces él dice:

─ Se acabó. Aquí acaban tus días y los de tu hija ─se va de la cocina con dirección a la habitación de la niña.

María es consciente, muy consciente de que Paco iba a matar a su hija y luego a ella. Lo vio en su gesto, en la postura rígida de su cuerpo y sobre todo en sus ojos. Saca fuerzas para levantarse enseguida y coge el cuchillo más grande del cajón, corre al encuentro de él y le pilla en el pasillo, antes de que entrara a la habitación de la niña.

Entonces, le asesta una puñalada en la espalda. Él cae de bruces y ella ya no sabe muy bien lo que ocurrió. El caso es, que Paco debía tener al menos 20 o 30 puñaladas en espalda, cuello, brazos…

2005 FINAL DE LA CONFESIÓN

La conversación se cortó ahí, pues Tere, que hasta el momento no había preguntado nada, salió corriendo hacia el baño con el rostro descompuesto. Las arcadas eran tremendas. Ya se veía venir, pues sus gestos indicaban el mal estar, la incredulidad y el gran desconcierto.

Pedro salió tras ella. Estuvieron un buen rato allí dentro y a veces se les oía murmurar, otras, los sollozos de Tere eran inconsolables.

 Al fin, salió Pedro.

─ ¿Cómo está? ─pregunta Paulina a su hijo.

─ ¿Cómo quieres que esté? Igual que yo. Sin entender que ocurre aquí.  Se encuentra mal, pero en cuanto salga nos vamos. No sé qué pretendéis.

─ No hay ninguna pretensión, es lo que pasó ─dice Lola.

─ Pues me cuesta mucho creerlo, de todas formas, sí ocurrió y lo habéis mantenido en secreto… ¿Qué intención hay para revelarlo ahora? ¿Hacerle daño a ella, que ninguna culpa tiene? ─dice Pedro con bastante rabia en sus palabras.

Nadie contesta. Inés miraba perpleja a Lola y Paulina esperando una respuesta y entonces sale Tere del baño.

Su cara seguía más descompuesta si cabe y sus ojos estaban hinchados,  llenos de sangre y lágrimas.

Lola, Paulina e Inés siguen sentadas alrededor de la mesa en la misma posición que antes, Pedro sin embargo está de pies, dando vueltas de un lado para otro. Tere dice sin esperar a que nadie hable:

─ No entiendo porque queréis hacerme daño. Sí, mi padre desapareció cuando yo tenía dos años, pero mi madre nunca dijo que fuera un monstruo o que la hubiera tratado mal. Y sí, hablaba de una tal Lola, de usted –mira a Lola con gesto duro -, y también de usted Paulina y mencionaba mucho a la señora Luisa. A todas las tenía en gran estima. No sé porque este complot ahora hacía mí. No lo entiendo y no me creo nada.

─ Tere, no era nuestra intención contártelo a ti, pero aquí estás y siento que tu madre ya no esté, porque estoy segura que ella estaría de acuerdo con nosotras ─contesta Paulina.

─ Si la historia fuera cierta, mi madre habría estado en la cárcel y eso nunca pasó. Yo me habría enterado, os lo aseguro. Me quiero ir Pedro ─Se expresa Tere con rotundidad.

─ Aún no hemos contado todo, quizás cuando sepas todo… Bueno ─Lola se calla de repente.

─ Por favor Pedro, Vámonos ─suplica Tere.

─ No. Tienes… tenéis que entender porque os lo contamos. ¡Por Dios Pedro! Eres mi hijo ¿qué daño crees que quiero hacerte? Y te aseguro Tere que si el destino no os hubiese juntado, seguramente ninguno os hubieseis enterado. Nada tengo ni tenemos contra ti Tere, nadie a mi juicio es culpable de lo que le ocurrió a tu padre, salvo él mismo. Hay cosas ya que debes… debéis saber ─dice Paulina y se hace un pequeño silencio. Añade:

─ Date cuenta, si te vas ahora muchas dudas te irán surgiendo, déjanos resolverlas y si seguís pensando igual, pues… bueno, vosotros tenéis la última palabra.

─ Tere tiene razón, ¿Por qué su madre no ha estado en la cárcel? ─dice Inés interrumpiendo casi a Paulina.

─ Porque hicimos desaparecer el cadáver ─dice Lola.

─ ¿Queeé? ¿Tú mamá? ─pregunta Inés muy desconcertada a su madre.

─ Todas ─dice Paulina y añade .─Tu madre, la señora Luisa y yo. Cuando tu madre te llevó a ti y a Teresa. Sí a ti ─dice Paulina mirando a Tere─ os llevó a casa de mi hermana para que se ocupase esa noche de vosotras. La señora Luisa y yo empezamos a pensar que hacer.

Llamar a la policía parecía lo más sensato, pero no sé cómo, ambas según hablábamos nos fuimos convenciendo de que no era una buena idea.

A esa pobre chica la meterían en la cárcel, tenía 20 años, toda la vida por delante y un bebé de apenas dos años. La habían casado sus padres por conveniencia, con un hombre mayor que ella que la forzaba todas las noches y la maltrataba día sí, día no. El único error de aquella chiquilla fue enamorarse de Toño,  un chico muy cariñoso de su misma edad.

Ahora, casi interrumpiendo sigue Lola el relato.

─ Cuando llegué otra vez a esa casa, me contaron lo que habían decidido, por supuesto les dije que estaban locas, que había que llamar a la policía. Entonces decidimos pensarlo, debíamos ocuparnos de María y eso nos daría tiempo para reflexionar un rato más. Así lo hicimos. Bañamos a María, le curamos las heridas y le dimos de cenar, le preparamos una tila y luego la acostamos.

La pobre no decía nada, creo que ni nos oía, no era consciente ni de dónde estaba. Estuvimos semanas cuidándola.

─ ¿Qué hicisteis con él? ─pregunta Inés.

─ No me convencieron Inés ─dice Lola mirando a su hija ─.Me convencí yo misma que era lo justo. ¿Qué hicimos con él? Dios mío, eso para mí es muy duro de contar.

─ Sí, es duro, pero es lo que paso. Necesito saber si Tere quiere saber esos detalles, pues… era tu padre ─dice Paulina mirando a Tere.

─ Si habéis llegado hasta aquí, quiero saber hasta dónde tenéis pensado llegar ─contesta Tere.

─ ¿Aún no nos crees?

─ Me cuesta.

─ Lo hicimos desaparecer, pero esos detalles son…  bueno, quizás sea mejor omitirlos ─dice Paulina.

─ No. No omitas nada. Es la cruda realidad ¿no? Pues adelante con ella ─afirma duramente Tere.

─ ¡Por Dios! ─ exclama Lola estremeciéndose.

─ Entre las tres metimos el cadáver en la bañera. Lola se encargó de la limpieza, sangre por todos los lados y yo… bueno hijo, esto es duro. Sabes cuál es mi oficio, lo mío es la carne ─Los ojos de Pedro, Tere e Inés se abren horrorizados al intuir lo que Paulina iba a decir.

─ Sí, lo descuarticé con ayuda de la señora Luisa ─dice Paulina y añade ─.Luego nos fuimos a la carnicería, allí cogimos la máquina de picar y la subimos al piso.

Al terminar, lo metimos todo en bolsas y al día siguiente lo llevamos a la granja de mis padres, de aquella tenían una pocilga donde se criaban unos quince cerdos. Ellos dieron cuenta de aquel desperdicio.

Inés mira horrorizada a su madre y esta empieza a llorar. Pedro se echa las manos a la cabeza y se levanta de su asiento. Tere se queda inmóvil, con la mirada fija en la pared, perdida, ausente.

─ Durante años he tenido pesadillas todas las noches, de unos años para acá estaba mejor, solo una o dos a la semana y ahora… no lo soporto ─dice Paulina echándose a llorar.

─ Si no queríais hacernos daño ¿por qué nos lo contáis? Esto es terrible ─dice Inés mirando a su madre totalmente horrorizada.

─ Nada de esto tiene que ver contigo, en realidad tampoco conmigo, simplemente las dos nos hemos visto envueltas ─contesta Lola.

─ Tampoco tiene nada que ver con nosotros ─dice Tere como despertando de un mal sueño y añade ─. Si mi madre me lo hubiera querido contar algo lo habría hecho. Estoy aquí, con una gente que acabo de conocer y que me están contando una atrocidad tremenda sobre mi familia, algo que yo no podría ni imaginar. Esto es más que una pesadilla ─dice Tere muy enfadada, estallando en realidad por todo lo acontecido. Pero se derrumba y sus sollozos no tienen consuelo.

Pasados unos minutos donde todos estaban en shock, vuelve a hablar Lola:

─ Acabemos con esto ─dice.

─ ¿Aún hay más? ─dice Pedro perplejo.

Lola y Paulina se miran y callan.

─ Nunca me habló de Toño o de esa niña, Mercedes, que decís mi padre violó. ¿Todavía vive esa familia en el barrio? ─dice Tere, con una mirada de desesperación hacia Paulina.

─ No. La familia ya no está aquí. A Toño sus padres le enviaron a Málaga una semana después de lo ocurrido,  a trabajar con un tío suyo. Más tarde, montó una empresa de construcción y ha trabajado siempre por la zona de levante, en la costa principalmente. Le ha ido muy bien.

Mercedes se murió con 29 años, de cáncer. Pedro, tú seguro que no la has olvidado ─dice Paulina.

─ Claro que no. Tengo un maravilloso recuerdo de ella y de su padre, el señor Bernardo ─contesta Pedro.

Sigue hablando Paulina, ─Al año y medio de la muerte de Mercedes, se murió el señor Bernardo y la señora Luisa se fue a vivir cerca de su hijo. Ella también estaba y está bastante mal de salud. Tengo sus teléfonos. No sé… quizás después de esto necesitéis hablar también con ellos, sobre todo tu, hijo.

─  ¿Sobre todo Pedro? Eran mis padres, ¿no crees que puedo tener yo más necesidad que él? ─dice Tere.

─ Bueno, no sé. Supongo que ambos ─contesta Paulina.

─ Vamos, acabemos ya. Esto es una tortura ─dice Lola.

─ ¡Por Dios! ¿Pero hay más? ─ pregunta Inés.

─ Pues sí. Queda saber porque razón hemos tomado la decisión de contaros todo ─dice Lola y añade ─. Mercedes por desgracia, quedó embarazada de aquella violación. ¿Quieres contarlo tu Paulina?

─ No puedo, dilo tu ─contesta llorando.

─ Bueno, la situación volvía a ser complicada. Con Paco desaparecido denunciar no tenía sentido, nada se podía demostrar ya y de aquella… una cría de dieciséis años embarazada era una deshonra muy grande, quedaría marcada de por vida.

Volvimos a realizar un pacto entre todas, la señora Luisa, Paulina, Mercedes y yo.

Mercedes se fue a pasar unos meses fuera para ayudar en el campo a su abuelo, el padre de la señora Luisa, que vivía alejado, cerca de una aldea en Galicia. Con Mercedes se fue Paulina, para ayudar y atenderla en el momento del parto. A todos los efectos, Paulina estaba en la granja de sus padres echando una mano.

Mercedes dio a luz un niño… todos volvieron al barrio pero… la que en teoría dio a luz fue Paulina. Llegamos a ese acuerdo y decidimos que cuando fueses mayor ─Lola mira a Pedro y sigue ─. Con capacidad para entender, se te diría quien era tu madre biológica. Pero Mercedes enfermó y en su lecho de muerte  nos hizo prometer que no te diríamos nada. Consideró que si ella ya no estaba, tú no debías sufrir, eras un niño muy feliz y así quería que siguiera siendo.

En realidad, Pedro, las dos fueron tu madre. Mercedes te parió y mientras vivió siempre estuvo contigo, y paulina pues… qué te voy a decir.

─ ¡Ay madre! Entonces… ¡¡JOOODER!! ─remata Inés.

 

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